Este es un blog fundamentalmente de fotografía, en el que de vez en cuando y solo de vez en cuando, puede aparecer la palabra escrita, sin otra pretensión que la de servir de divertimento y desahogo a su autor.

lunes, 27 de abril de 2020

Acuarios, paradojas y otras lindezas


Paradoja.
Hecho o expresión aparentemente contrarios a la lógica.

Que este tiempo que nos ha tocado vivir es cada vez más paradójico es una realidad cuestionable, pero cierta, a ver si no es una jodida paradoja que los que siempre se han mostrado de palabra y obra en contra de cualquier derecho o libertad democrática, proclamen ahora su indignación por la declaración del estado de alarma, y lo tachen de inconstitucional.
Es el mundo al revés, los que odian la democracia, los que hicieron todo lo imaginable y más para que nunca llegara, y torpedean con todos los medios a su alcance su desarrollo y progreso, acusan a los que siempre lucharon para que llegara de anti-demócratas y autoritarios ¡Tiene güevos-con g- la cosa!

Ahora ya me explico porque se me ha metido en el coco y no dejo de canturrear la canción de Joaquín Sabina que dice… “Mentiras que ganan juicios tan sumarios que envilecen el cristal de los acuarios de los peces de ciudad”  


sábado, 11 de abril de 2020

Cuando el diablo...


Erase una vez un niño hiperactivo y un pelín disléxico que a principio de los años sesenta  vivía en una casa de las afueras de la ciudad de Madrid, una especie de pequeña granja, con pollos, gallinas, conejos, patos, pavos, perros y gatos, una casa con un gran patio cubierto por rosales trepadores y rodeada de arriates plagados de flores y plantas de todos los colores.

Con buen tiempo, lo pasaba quemando la energía que le sobraba, soltando a los conejos que corrían despavoridos a refugiarse  entre las plantas, jugando con ellos al escondite, también imaginaba ser un aventurero en busca de un tesoro en forma de huevos, que las gallinas ponían en los más insospechados lugares.

Pero con la llegada del frío helador del invierno madrileño se refugiaba al calor del fogón de carbón de la amplia cocina de la casa, en aquel confinamiento climatológico su mente inquieta maquinaba la manera de desfogarse, destripando algún juguete con la intención de descubrir que tenía dentro y sobre todo dibujando y pintando con un lapicero los azulejos de la cocina, cosa que no hacia ninguna gracia a su madre, que luego tenía que pasar un buen rato limpiando tan peculiar obra artística, gritándole ¡Cuando el diablo no sabe que hacer, con el rabo mata moscas!

En la actualidad la casa y los animales han desaparecido, en su lugar hay un bloque de pisos, los inviernos en Madrid son mucho más templados, el niño ha crecido, se ha convertido en un  urbanita adulto, sigue siendo hiperactivo y un pelín disléxico, en este nuevo, obligado y maldito confinamiento, ya no pinta los azulejos de la cocina, ahora hace fotografías muuuu raras.

Y es que ya se sabe que…  ¡Cuando el diablo no sabe qué hacer, con el rabo mata moscas!










lunes, 6 de abril de 2020

jueves, 2 de abril de 2020

miércoles, 25 de marzo de 2020

Desde mi encierro.


Entre aplausos comprendieron lo absurdo y suicida de ciertas alternativas,  pusieron fin al tiempo del individualismo egoísta, dando comienzo la era cooperación solidaria.


jueves, 19 de marzo de 2020

Y la gente se quedo en casa.

Fotografía Javier Barragán
Fotografía Javier Barragán
Y la gente se quedo en casa.

Y leyeron libros, escucharon,
descansaron, ejercitaron,
hicieron arte, jugaron juegos,
aprendieron nuevas formas de ser y se quedaron quietos.

Y escucharon más profundamente.

Algunos meditaban, otros 
rezaban, algunos bailaron.

Algunos se encontraron con sus sombras.

Y la gente comenzó a pensar de manera diferente.

Y la gente sanó. Y, en ausencia de personas que vivían de formas ignorantes, peligrosas, sin sentido y sin corazón, la tierra comenzó a sanar.

Y cuando pasó el peligro, y la gente se unió de nuevo, lamentaron sus pérdidas, tomaron nuevas decisiones, soñaron con nuevas imágenes y crearon nuevas formas de vivir y sanar la tierra por completo, ya que habían sido sanados.
                                                                           
                                                                             (Ktti O`Meara)

Fotografía Javier Barragán



domingo, 8 de marzo de 2020

MUJER


Si te atrae una mujer 
por la talla de su pecho, 
por su cintura o por sus caderas,
te estás equivocando.

Si lo que más valoras en ellas son los rasgos de su cara
el color de sus ojos, la longitud de sus piernas 
o como se le ve con minifalda
te sigues equivocando.

Una mujer es su actitud,
su forma de ser, la forma en que te trata y te mira,
su risa y sus silencios.

Una mujer es su inteligencia, su rebeldía 
su entrega, su generosidad, su capacidad de hacer varias 
cosas simultáneamente, sus manías.

Lo mejor de una mujer no es su envoltorio, es lo que hay dentro:
Su humor, sus ocurrencias, su valentía, su forma de pensar...

Un hombre de verdad,
un hombre inteligente, 
se enamora de lo que otros ni se imaginan 

Ese hombre puede ver, lo que otros ni imaginan que exista
y eso, amigos tiene un premio..
Y se llama FELICIDAD..

LA PIERDES ...

Debes de ser tan idiota para provocarle lágrimas a quien te ha provocado la mejor sonrisa.

Y te preguntas ¿Por qué la estoy perdiendo?
La pierdes, cuando ella te regala el alba en su mirada y tú le haces grises sus días. 

La pierdes, cuando ella se convierte en arcoiris tan solo por pintar tu mundo y tú a cambio le das indiferencia.

La pierdes, cuando ella aún te llena de detalles y tú a cambio le mientes.

La pierdes, cuando ella espera una llamada o un mensaje tuyo, y tú le escribes a alguien más.

La pierdes, cuando ella te busca para que la abraces y tú la usas físicamente.

La pierdes, cuando ella aún te ve con admiración y tú la ves como la que prohíbe tu libertad.

La pierdes... porque simplemente tú, no mereces a alguien como ella.

(Gabriel García Márquez)